Una triste noticia 

Tristísima entre tanta noticia triste ha sido la que apareció no hace mucho en los periódicos de San Antonio: el cierre de la Librería Valenzuela apenas un año después de haberse inaugurado. Triste sobre toda noticia porque representa el fracaso de un ideal y la pérdida de una entidad cultural que, en su pequeña medida de librería bilingüe independiente, estaba haciendo una enorme diferencia en la ciudad. La ausencia de ese espacio de encuentro es ahora mucho más notoria y preocupante. Antes no había nada semejante, ahora está el vacío de lo que fue por un momento una realidad vibrante de oportunidades.

Se produce esta ausencia apenas días después del informe que sitúa a San Antonio entre las ciudades del país en las que menos se lee. La coincidencia de estos dos hechos no debiera sorprender a nadie. Debería, en cambio, servir de llamada de atención a todos los que creemos en el valor e importancia que tienen las letras en la vida de cada individuo y más aún en la vida ciudadana.

No es necesario averiguar demasiado para suponer cual pueda haber sido la razón principal de la clausura: las finanzas. Contra todo lo que se pueda decir en favor de las bondades del arte y los ideales de la literatura, se impone siempre, indiscutiblemente, la muy concreta realidad económica. Los libros no crecen en los árboles como tampoco crece en ellos el dinero, como bien lo sabemos desde niños. Tanto lectores como autores, editortes y libreros tienen que someterse a las duras leyes de la oferta y la demanda y a las más duras y complicadas leyes que rigen en el mundo de los negocios con sus préstamos y capitales.

Se podría pensar que por la misma razón, la económica, San Antonio no cuenta con el mínimo número de lectores que una librería independiente necesita para sobrevivir. Si es así, hace falta crear ese público, no solo fomentando la lectura y el consumo de los productos culturales que una librería provee, sino también promoviendo la actividad educacional y económica que aporta trabajos que, por estar mejor pagados, hacen posible el lujo -porque al precio que alcanzan los libros es un lujo el adquirirlos-de comprar y leer libros y revistas regularmente.

Esperemos que el vacío dejado por el cierre de la Librería Valenzuela, de tan corta vida, se transforme en la obsesión de una necesidad no satisfecha y genere entre nosotros la voluntad y la decisión de devolverle a San Antonio lo perdido: una librería independiente enfocada al servicio del público bilingüe. •


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